lunes, 18 de septiembre de 2023

MI ESCLAVO PUG - 2

  


      Tal y como os dije al término de mi anterior reportaje, no quería retrasarme demasiado en continuar publicando tanto fotos, como vídeos de la primera sesión de adiestramiento que le suministré a mi esclavo Pug, y digo primera, porque espero seguir moldeándolo en otras sucesivas hasta conseguir un buen perro obediente del que poder beneficiarme. La distancia que nos separa, son muchos cientos de Km., pero tanto la disposición del sumiso por volver a estar a mis pies, como la mía de tenerlo a mi servicio, estoy convencida de que harán posible, que esa distancia se acorte de forma más que considerable.

 



     Debido a la premura que tengo por colgar el reportaje y del poco tiempo de que dispongo, le ordené a mi perro Pug, que volviera a escribir un pequeño relato sobre las sensaciones que se le despertaron en su puto cerebro, al volver a ver el vídeo y rememorar lo que en aquellos momentos tuvo el privilegio de vivir.

 



      El texto tan bien redactado, (tratándose de un animalito) es el que viene a continuación en letra amarilla. 

 

     Estaba completamente a merced de Ama Dana, ya que mi voluntad era suya. Con esa idea acudí al encuentro y a medida que pasaban los minutos, su personalidad autoritaria, su porte firme, su imagen de diosa no dejaba lugar a otra cosa, antes bien me reafirmaba en mi sumisión más absoluta. Después de ofrecerle mi culo para que hiciese con él lo que quisiera, me ordenó levantar y escuché con agrado como solicitaba una cadena… “gracias por encadenar mi cuerpo, mi alma ya está encadenada desde que entré por la puerta”, pensé.

      Me frustraba mucho que no pudiera hacer marcas visibles en mi piel, porque eso coartaba el desarrollo de todo lo que quisiera hacer conmigo, pero mi frustración llegó a lo más alto cuando vi que Porky iba a recibir las señales que yo no podía tener. Ver cómo le castigaba era una dulce mezcla de sentimientos encontrados, donde por una parte envidiaba el lugar que ocupaba él y, a la vez, por otra parte, podía admirar el trato riguroso e inflexible que aplicaba mi diosa a su siervo, como morboso y privilegiado espectador. Saltaron chispas entre esos sentimientos como si dos trenes hubiesen chocado frontalmente, cuando Ama Dana cogió una aguja y la acercó al pezón de un aterrorizado Porky. Ahí quería, con toda su intensidad, ocupar su lugar y recibir yo, en su máxima expresión, la autoridad y el poder de mi Ama, pero también, con no menos intensidad, deseaba de manera vehemente que no se acordara de mí en ese momento, aunque el papel de espectador me seguía agradando y excitando, especialmente cuando al terror del esclavo respondía su Ama con risa. Ese refinado sadismo, no hacía sino encumbrar a Ama Dana como la diosa que es y a mí, me relegaba más aún en el papel que yo sentía en esos momentos, que no era otro que el de verme como el más humilde de sus siervos.

      Que me dedicara su atención no dejaba de gozarlo como un premio del destino, una simple mirada, una palabra… eran momentos para congelarlos en el tiempo. Que me “depilara” con unas pinzas parte del vello pectoral lo enmarcaba en esa huella que estaba dejando en mí y que tanto estaba disfrutando. Todo lo que venía de Ella era un premio. Y cuando me dio la orden de sujetar con la boca su prenda más íntima, impregnada de su olor personal, acaté la tarea encomendada con tanto celo como íntima satisfacción.

 
     De la misma forma que os dije la vez anterior, trataré de no demorarme demasiado en publicar la continuación del adiestramiento de Pug.

Saludos morbosos.