lunes, 4 de marzo de 2019

AQUELLOS MARAVILLOSOS COMIENZOS


Hago un alto en el presente y me apetece remontarme a los primeros tiempos, en los que estaba iniciándome en en una forma de vida tan maravillosa como es la dominación de un esposo.



Comenzaré comentando sensaciones del día en que junto a Porky visitamos el apartamento de los Amos Kum y Dona; como ya sabéis, nos desplazamos allí por recomendación expresa de un buen amigo mío.

La verdad es que cuando fuimos a esa vivienda, yo no tenía ni idea de lo que podía suceder, aunque luego todo fue muy sorpresivo y yo me lo pasé en grande, no tanto así el cornudo que tuvo que aprender nuevas formas de conducta y como ya sabéis, "la letra con sangre entra".





Os confieso que no estaba mentalmente preparada todavía, para asimilar todo lo que allí sucedió, hubo algún momento en el que pasé incluso miedo por alguna situación que me pareció excesiva, quizás debido a la sorpresa o porque aún no había tomado conciencia de lo que en realidad era y podía esperar del cerdo. 






Una de las cosas que me impresionó, fue asistir al momento en que le obligaron a correr despavorido a cuatro patas por el pasillo y habitaciones, mientras el gritaban y le daban fuertes varazos por el culo, piernas, planta del pie y espalda, Porky llevaba la mirada desencajada y chocaba contra todo lo que se le ponía por delante, parecía un puerco asustado, en esos instantes estuve por decirles que pararan, pero afortunadamente me contuve, y poco a poco fui disfrutando de lo que la sesión me ofrecía.




Posteriormente, cuando el gorrino fue introducido en la jaula y le ataron los cojonazos a los barrotes, dejándolo totalmente sometido, con la cabeza baja, sudando y respirando agitadamenteme; verlo así de humillado me causó una fuerte excitación, nueva y desconocida para mi, de hecho os confieso que cuando todo acabó y volvimos a casa, la braga la traía mojadísima y por la noche, siendo que por aquel entonces no tenía costumbre de hacerlo, me masturbé tres veces, corriéndome violentamente en cada una de ellas.

Por aquellos comienzos yo mantenía contacto con algún Amo y además indagaba mucho por internet, siempre buscando el aprender nuevas técnicas para conseguir convertir a una persona en esclavo totalmente sumiso además de animalizarlo. Todo lo que caía en mis manos lo devoraba con enorme interés e incluso excitación de pensar en poner en práctica muchas de aquellas sesiones sádicas que mis ojos contemplaban; tomaba notas en una libreta para no olvidar nada de lo que iba viendo y me esforzaba a continuar aprendiendo de todo aquello, siempre pensando en seguir el camino de Hembra Superior que yo había decidido tomar.



Una de las iniciativas que decidí llevar a cabo, con el fin de ir cambiando el aspecto del animal, fue obligarle, tres veces por semana alternos a ingerir un tipo de comida destinado al cebado de los marranos, le preparaba una mezcla de patata cocida revuelta con harina de maíz y algo de sebo, le ordenaba amasarlo en un caldero y una vez que adquiría esa textura pastosa que corresponde al alimento para puercos, se lo vertía en un comedero de plástico, para que lo engullera, (siempre sin usar las manos), de esa forma fui consiguiendo moldear el cuerpo del verraco en formas porcinas y además obtener una mayor sumisión cada día que pasaba.








UN BOCATA DE CERDO

Con esa alimentación, tan cariñosamente elaborada, no había pasado mucho tiempo cuando pude comprobar con gran satisfacción, como la dieta iba dando los frutos que yo buscaba y me encantaba observar como el cerdo adquiría formas grotescas y obesas asemejándose por momentos a un puerco panzudo y grasiento. El resultado de aquel periodo lo habéis podido ir viendo en bastantes de las diferentes fotos del verraco que he ido metiendo en el blog.

Disfrutaba enormemente en aquellos tiempos, siempre que podía comparar su barriga de cerdo con la de los machos jóvenes que me follaba, el contrapunto visual me resultaba todo un estímulo sexual para mí, a la par que conseguía una fuerte vejación para el manso grasiento.





Cómo sabéis el ciervo está en deuda conmigo y considero mi deber el irla cobrando poco a poco hasta que yo decida cuando ha quedado saldada, (os puedo asegurar que eso va para largo), he descubierto cuantísimo me gusta ser la puta de tíos de verdad que saben proporcionarme sexo auténtico y no puedo evitar disfrutar zorreando, mientras a mi olfato llega el olor del macho en celo, deseoso de montar a una mujer ardiente y húmeda.



 
Como anécdota os diré que cuando ya habían pasado bastantes años de estos comienzos, me fui una noche al cine para ver que me ofrecía la película, 50 Sombras de Grey, de la que la gente tanto hablaba como algo morboso. ¡Qué decepción me llevé!, me pareció estar viendo el cuento de La Cenicienta, cuanta ternura ¡¡Puag que asco!!. Eso sí, la habitación roja ya la hubiera querido para mi

Bueno continúo con mis vivencias, como veis en estas fotos que os pongo, me apeteció una tarde preparar un bocata de carne de cerdo (Os adelanto que el tocino no lo pasó nada bien).

Indagué sobre la momificación y me puse manos a la obra para experimentar otra nueva tortura.




Os explico un poco sobre el tema. Si se quiere que el animal salga sin secuelas graves de una situación semejante, hay que hacer la sesión, controlando muy bien los tiempos, ya que el guarro no transpira y sale envuelto en sudor y medio deshidratado, eso viene motivado por el plástico que lo envuelve, además del miedo o sensación de impotencia que se le genera, por ese motivo, al terminar y desenvolverlo, el cambio térmico resulta muy extremo y si no queremos que el animal entré en shock e incluso se le pueda parar el corazón, (como le ocurrió al británico Allun William que murió efectuando esta práctica), es recomendable, para tratar de evitar  semejantes consecuencias, tener preparada una manta con el fin de que el animal se arrope hasta que su porcino cuerpo vaya cogiendo la temperatura normal y se estabilice, por lo menos medianamente.




En el tiempo que lo tuve momificado, reconozco que me pasé un poco de la raya, le dejé una mínima respiración, pero eso no evitó el estado de agitación, nerviosismo, claustrofobia y ahogo que el gusano tuvo que soportar, él no me veía ni oía, por lo tanto no sabía si yo lo vigilaba o estaba pendiente y además no tenía ni idea del tiempo que podía mantenerlo envuelto y privado del mínimo movimiento, yo por mi parte, salía de la habitación escuchaba un par de canciones y volvía a dar una vuelta, si únicamente percibía su angustia, volvía a marcharme, así lo tuve durante una media hora que al puerco se le hizo una eternidad, según me confesó a posteriori, cuando le interrogué al respecto, mientras me contestaba totalmente pálido y sometido.
 
 En el reportaje incluyo fotos de algunas de las diferentes humillaciones y sesiones de dolor que por aquel entonces practicaba con el manso para conseguir hacer de él un esclavo sin voluntad.


 

Me gustaba ir aprendiendo tipos de ataduras para poder inmovilizarlo y teniéndolo bien sujeto arañarle y clavarle las uñas en los cojonazos de cerdo que tiene.






También era divertido obligarle a follarse el solito su gordo culo, usando un calabacín de buen tamaño, mientras yo lo jaleaba y le animaba a introducirlo al máximo, buscando que quedara con el ano bien abierto, para poder ser usado como objeto de placer en el futuro y diciéndole que iba a colgar las fotos en internet para ver si alguien lo quería follar como una puta maricona (esto último sigue en pie).