lunes, 3 de febrero de 2020

DESPEDIDA DE PK2 ANTIGUO 2




     Continúo mi reportaje, en el mismo intervalo donde lo dejé. Como ya comenté en la primera parte, esta aventurilla viciosa acaeció en la despedida por mi parte del club PK2 antiguo, resultando a la postre un colofón genial para quedarme con muy buen sabor de boca y excelentes recuerdos morbosos, allí vividos. Aunque debo reconocer, que esta última experiencia, no fuera la mejor de cuantos juegos sexuales había llevado a cabo en ese local.





     Sigo contando. Después de ser bien sobada y excitada a través de los agujeros de la celosía, y habiendo provocado en mi coñito una gran humedad de fluidos, decidí parar por el momento, saliendo a la zona de la barra, con el claro objetivo de poder contemplar el rostro del dueño de las varoniles manos, acompañadas de aquel magnífico nabo y poder de esa forma, estar segura de si realmente me apetecía intimar algo más con él.




     En cuanto llegué a la barra, no me costó mucho identificar al macho que tanto me había calentado, me resultó fácil saber quien era, primero, por el color de la camisa, después, por la forma libidinosa de mirarme, pero sobre todo y más significativo, por el gordo bulto que todavía ostentaba en el pantalón.




     Pero como suele pasarme casi siempre, el chico no se atrevió a acercarse donde estábamos mi ciervo y yo. Creo que ese contacto más directo y personal, les cuesta mucho vencerlo, a casi todos los tíos y eso que yo estoy deseando que tengan esa decisión que tanto valoro, por supuesto que siempre que se de ese acercamiento y para mayor satisfacción mía, debería ser obviando la presencia del cuernilargo, haciéndole sentirse como un objeto inservible, en todo momento. Si en alguna ocasión me he topado con algún hombre más decidido, la situación que se genera, produce en mi mente una dosis de adrenalina extra, que me hace ser mucho más receptiva con el Macho audaz y morboso.





     En las ocasiones que se han producido situaciones de ese tipo, en las que he sido magreada con descaro en presencia de otros clientes o de las camareras, haciendo bien patente mi condición de hembra caliente, acompañada por la ridiculez del cornudo sumiso siendo humillado, mi calentura y deseos hacia el valiente y decidido macho, se disparan en mi interior.




     Como podréis deducir por las fotos que incluyo, el chico me gustó y por supuesto me apetecía continuar con lo que habíamos empezado, llevaba el "chichi" demasiado caliente para no tratar de proporcionarle más placer. Esperé un poco de tiempo hasta ver si se atrevía a dar el paso que yo deseaba, pero aunque no dejaba de lanzarme miradas, le faltaba esa decisión que a mí tanto me gusta en los hombres.





     Dándome cuenta de que la situación no progresaba como a mí me apetecía, decidí mover ficha y me dirigí hacia el pasillo francés, pero en esta ocasión lo hice por el lado exterior, lugar oscuro en el que se ponen los tíos a mirar, tocar, lamer o incluso follar, siempre con la mampara como obstáculo. Mi sumiso maridín como tiene enseñado se dispuso a seguirme, pero con gesto severo, me volví hacia él y con un rostro autoritario le conminé a quedarse sentado en la barra como si de un perro se tratase. Agachó las orejas y con mirada lastimera me vio desaparecer detrás de la cortina negra. No tardando mucho, también pudo contemplar, como el joven macho siguió los mismos pasos que yo, penetrando en la zona semioscura donde me encontraba.





     Tratando de mostrarme sensual y esperando la decisión del macho, procedí a facilitarla con mi actitud, me había colocado sacando grupa provocativamente y apoyada en la mampara de agujeros, ofreciendo sibilinamente, la parte posterior de mi cuerpo a quien pudiera entrar. El chico en aquel momento y al amparo de la semioscuridad, finalmente se decidió y no tardó nada en acariciar mi espalda, originándome esos escalofríos que siento cuando me lo saben hacer bien, esa zona dorsal y la nuca, son unas partes terriblemente erógenas para mí, cuando percibo las uñas o la lengua de un hombre, recorriendo esas superficies de mi piel, el estímulo sexual que siento me recorre de arriba a abajo, erizándome el cabello y haciéndome perder el sentido.





     Con toda aquella mezcla de sensaciones calientes, mi mano, en un acto reflejo, no pudo evitar dirigirse hacia atrás buscando el contacto con la dura polla que ya se encontraba fuera del pantalón y presentaba una enorme erección. Comencé a recorrerla febrilmente, acariciando también sus testículos y notando el codiciado fluido preseminal que inevitablemente dejaba marcada mi ropa y mi piel, aunque eso no fue por mucho tiempo, ya que enseguida me bajó los leggings hasta medio muslo, dejándome desnuda de cintura para abajo, debido sobre todo, a mi costumbre de no ponerme tanga ni braga con ese tipo de prenda de vestir, prefiero que se me marquen los labios del chocho a la costura de las bragas.




     Comenzó entonces a pasar todo su ardiente cipote por mi culo, extendiendo sus fluidos a lo largo y ancho de todo el trasero, mientras me sujetaba fuerte de las tetas y pezones que inconteniblemente, también habían saltado fuera del sujetador, debido fundamentalmente a la inercia provocada por los empellones ardientes que el macho me propinaba.





     Sentí como acometía contra mi culo, punteándome con la gorda cabeza de su pija, empleaba movimientos pélvicos como si me estuviera follando desde atrás, mientras con su mano izquierda me sobaba el duro pezón y con la otra me pajeaba el clítoris, provocando mis gemidos e inevitablemente dejándome llevar, estuvimos un buen rato con esos juegos sexuales, hasta que le dije:
      - para un momento, vamos a salir fuera que necesito beber algo y luego seguimos.




     Nos dirijimos hacia la barra mientras recomponíamos nuestras ropas, en ella y tal como yo le había ordenado, se encontraba el perro cornudo con su patética mirada de penuria suplicante, percibió perfectamente como nos íbamos vistiendo, así que sus cuernos le tuvieron que resultar más que patentes. Nos acercamos a donde se encontraba el desgraciado y se lo presenté al chico como mi esclavo cornudo. Le sorprendió la total mansedumbre del cabestro, como les suele suceder a la mayoría de los hombres que conozco y que no saben de mi forma de vida dominante.





     Una vez calmada la sed y con ganas de seguir con la actividad sexual interrumpida, además de hacer uso de la humillación del manso, le propuse a mi caliente amigo, el pasar a la salita anterior al pasillo francés, (esa que había en el pub, con los sofás rojos y que ya conocéis de algún reportaje anterior) y fue allí donde le planteé el hacerme alguna foto degradando al borrego astado, cosa que hizo con gusto. También le pregunté si tenía inconveniente en que mi sumiso, me hiciera fotos con él, me dijo que sí, pero condicionado a que no se le viera la cara.





     Estas pocas imágenes de los dos juntitos que cuelgo en el reportaje, son el resultado de los momentos de vicio posteriores, pero la reticencia a la hora de mostrarse abiertamente, me resta mucho morbo y apetencia, aunque por supuesto puedo entenderlo, en todos los casos en que mi amante de turno no se ha leído mis condiciones.





     De todas formas, como el chico y su rabo me cayeron muy bien, decidí meterme con él al cuarto oscuro, donde poder seguir disfrutando de más tocamientos lujuriosos. Una vez en el interior, decidí abrirme de piernas y dejarme pajear, mientras lamía mis tetas y mamaba de mis pezones. En compensación a todo el placer que supo proporcionarme yo también le ordeñé el rabo hasta dejarlo con los huevos secos, totalmente deslechado y creo que muy satisfecho.





      Como sigo llevando el tiempo complicadísimo, no me voy a extender más en este reportaje, espero que las imágenes que adjunto, complementen vuestras fantasías, comprobando mis comportamientos de puta caliente y hasta qué punto de zorrona puedo llegar a ser.




     Para terminar os dejo un pequeño adelanto o más bien "enorme", del chico que conocí la semana pasada en mi visita al "nuevo PK2", me quedé gratamente sorprendida y cachonda al contemplar y ser incapaz de abarcar con mi mano el miembro viril de tamaño XL, que él ostentaba en su total dureza y que sin lugar a dudas, fue propiciada por el magreo que ejerció sobre mis pechos y coño, además y por supuesto, de todo el meneo y tocamientos con los que yo le obsequié reverenciando a semejante pollón. 





     Me reservo el relato e imágenes de esa excitante y gratificante experiencia para otro reportaje, merecerá la pena y difrutaréis viendo todo lo golfa cachonda que puedo llegar a ser.