Continúo mi reportaje, en el mismo
intervalo donde lo dejé. Como ya comenté en la primera parte, esta aventurilla
viciosa acaeció en la despedida por mi parte del club PK2 antiguo, resultando a
la postre un colofón genial para quedarme con muy buen sabor de boca y
excelentes recuerdos morbosos, allí vividos. Aunque debo reconocer, que esta
última experiencia, no fuera la mejor de cuantos juegos sexuales había llevado
a cabo en ese local.
Sigo contando. Después de ser bien sobada
y excitada a través de los agujeros de la celosía, y habiendo provocado en mi
coñito una gran humedad de fluidos, decidí parar por el momento, saliendo a la
zona de la barra, con el claro objetivo de poder contemplar el rostro del dueño
de las varoniles manos, acompañadas de aquel magnífico nabo y poder de esa
forma, estar segura de si realmente me apetecía intimar algo más con él.
En cuanto llegué a la barra, no me costó
mucho identificar al macho que tanto me había calentado, me resultó fácil saber
quien era, primero, por el color de la camisa, después, por la forma libidinosa
de mirarme, pero sobre todo y más significativo, por el gordo bulto que todavía
ostentaba en el pantalón.
Pero
como suele pasarme casi siempre, el chico no se atrevió a acercarse donde
estábamos mi ciervo y yo. Creo que ese contacto más directo y personal, les
cuesta mucho vencerlo, a casi todos los tíos y eso que yo estoy deseando que
tengan esa decisión que tanto valoro, por supuesto que siempre que se de ese
acercamiento y para mayor satisfacción mía, debería ser obviando la presencia
del cuernilargo, haciéndole sentirse como un objeto inservible, en todo
momento. Si en alguna ocasión me he topado con algún hombre más decidido, la
situación que se genera, produce en mi mente una dosis de adrenalina extra, que
me hace ser mucho más receptiva con el Macho audaz y morboso.
En las ocasiones que se han producido
situaciones de ese tipo, en las que he sido magreada con descaro en presencia
de otros clientes o de las camareras, haciendo bien patente mi condición de
hembra caliente, acompañada por la ridiculez del cornudo sumiso siendo
humillado, mi calentura y deseos hacia el valiente y decidido macho, se disparan
en mi interior.
Como podréis deducir por las fotos que
incluyo, el chico me gustó y por supuesto me apetecía continuar con lo que
habíamos empezado, llevaba el "chichi" demasiado caliente para no
tratar de proporcionarle más placer. Esperé un poco de tiempo hasta ver si se
atrevía a dar el paso que yo deseaba, pero aunque no dejaba de lanzarme
miradas, le faltaba esa decisión que a mí tanto me gusta en los hombres.
Dándome cuenta de que la situación no
progresaba como a mí me apetecía, decidí mover ficha y me dirigí hacia el
pasillo francés, pero en esta ocasión lo hice por el lado exterior, lugar
oscuro en el que se ponen los tíos a mirar, tocar, lamer o incluso follar, siempre
con la mampara como obstáculo. Mi sumiso maridín como tiene enseñado se dispuso
a seguirme, pero con gesto severo, me volví hacia él y con un rostro
autoritario le conminé a quedarse sentado en la barra como si de un perro se
tratase. Agachó las orejas y con mirada lastimera me vio desaparecer detrás de
la cortina negra. No tardando mucho, también pudo contemplar, como el joven
macho siguió los mismos pasos que yo, penetrando en la zona semioscura donde me
encontraba.
Tratando de mostrarme sensual y esperando
la decisión del macho, procedí a facilitarla con mi actitud, me había colocado
sacando grupa provocativamente y apoyada en la mampara de agujeros, ofreciendo
sibilinamente, la parte posterior de mi cuerpo a quien pudiera entrar. El chico
en aquel momento y al amparo de la semioscuridad, finalmente se decidió y no
tardó nada en acariciar mi espalda, originándome esos escalofríos que siento
cuando me lo saben hacer bien, esa zona dorsal y la nuca, son unas partes
terriblemente erógenas para mí, cuando percibo las uñas o la lengua de un
hombre, recorriendo esas superficies de mi piel, el estímulo sexual que siento
me recorre de arriba a abajo, erizándome el cabello y haciéndome perder el
sentido.
Con toda aquella mezcla de sensaciones
calientes, mi mano, en un acto reflejo, no pudo evitar dirigirse hacia atrás
buscando el contacto con la dura polla que ya se encontraba fuera del pantalón
y presentaba una enorme erección. Comencé a recorrerla febrilmente, acariciando
también sus testículos y notando el codiciado fluido preseminal que
inevitablemente dejaba marcada mi ropa y mi piel, aunque eso no fue por mucho
tiempo, ya que enseguida me bajó los leggings hasta medio muslo, dejándome
desnuda de cintura para abajo, debido sobre todo, a mi costumbre de no ponerme
tanga ni braga con ese tipo de prenda de vestir, prefiero que se me marquen los
labios del chocho a la costura de las bragas.
Comenzó entonces a pasar todo su ardiente
cipote por mi culo, extendiendo sus fluidos a lo largo y ancho de todo el
trasero, mientras me sujetaba fuerte de las tetas y pezones que
inconteniblemente, también habían saltado fuera del sujetador, debido
fundamentalmente a la inercia provocada por los empellones ardientes que el
macho me propinaba.
Sentí como acometía contra mi culo,
punteándome con la gorda cabeza de su pija, empleaba movimientos pélvicos como
si me estuviera follando desde atrás, mientras con su mano izquierda me sobaba
el duro pezón y con la otra me pajeaba el clítoris, provocando mis gemidos e
inevitablemente dejándome llevar, estuvimos un buen rato con esos juegos
sexuales, hasta que le dije:
- para un momento, vamos a salir fuera
que necesito beber algo y luego seguimos.
Nos dirijimos hacia la barra mientras
recomponíamos nuestras ropas, en ella y tal como yo le había ordenado, se
encontraba el perro cornudo con su patética mirada de penuria suplicante,
percibió perfectamente como nos íbamos vistiendo, así que sus cuernos le
tuvieron que resultar más que patentes. Nos acercamos a donde se encontraba el
desgraciado y se lo presenté al chico como mi esclavo cornudo. Le sorprendió la
total mansedumbre del cabestro, como les suele suceder a la mayoría de los
hombres que conozco y que no saben de mi forma de vida dominante.
Una vez calmada la sed y con ganas de
seguir con la actividad sexual interrumpida, además de hacer uso de la
humillación del manso, le propuse a mi caliente amigo, el pasar a la salita
anterior al pasillo francés, (esa que había en el pub, con los sofás rojos y
que ya conocéis de algún reportaje anterior) y fue allí donde le planteé el
hacerme alguna foto degradando al borrego astado, cosa que hizo con gusto.
También le pregunté si tenía inconveniente en que mi sumiso, me hiciera fotos
con él, me dijo que sí, pero condicionado a que no se le viera la cara.
Estas pocas imágenes de los dos juntitos
que cuelgo en el reportaje, son el resultado de los momentos de vicio
posteriores, pero la reticencia a la hora de mostrarse abiertamente, me resta
mucho morbo y apetencia, aunque por supuesto puedo entenderlo, en todos los
casos en que mi amante de turno no se ha leído mis condiciones.
De todas formas, como el chico y su rabo
me cayeron muy bien, decidí meterme con él al cuarto oscuro, donde poder seguir
disfrutando de más tocamientos lujuriosos. Una vez en el interior, decidí
abrirme de piernas y dejarme pajear, mientras lamía mis tetas y mamaba de mis
pezones. En compensación a todo el placer que supo proporcionarme yo también le
ordeñé el rabo hasta dejarlo con los huevos secos, totalmente deslechado y creo
que muy satisfecho.
Como sigo llevando el tiempo
complicadísimo, no me voy a extender más en este reportaje, espero que las
imágenes que adjunto, complementen vuestras fantasías, comprobando mis comportamientos
de puta caliente y hasta qué punto de zorrona puedo llegar a ser.
Para terminar os dejo un pequeño adelanto
o más bien "enorme", del chico que conocí la semana pasada en mi
visita al "nuevo PK2", me quedé gratamente sorprendida y cachonda al
contemplar y ser incapaz de abarcar con mi mano el miembro viril de tamaño XL,
que él ostentaba en su total dureza y que sin lugar a dudas, fue propiciada por
el magreo que ejerció sobre mis pechos y coño, además y por supuesto, de todo
el meneo y tocamientos con los que yo le obsequié reverenciando a semejante
pollón.
Me reservo el relato e imágenes de esa
excitante y gratificante experiencia para otro reportaje, merecerá la pena y
difrutaréis viendo todo lo golfa cachonda que puedo llegar a ser.