miércoles, 12 de agosto de 2020

AÑORANZAS MORBOSAS

 

      Cuando parecía que se estaba venciendo al covid y que con ello iba a poder retomar de nuevo mi vida liberal, los nuevos y alarmantes rebrotes me han obligado a seguir con este puñetero estado de forzosa abstinencia sexual que tanta insatisfacción me produce.



 

 

      Toda esta peligrosa y descontrolada situación pandemiológica, todavía me predispone mucho más contra el pedazo de asno amariconado que tengo en casa, el muy inútil no ha sabido reservar absolutamente nada de hombría y ya no es capaz de aportarme un mínimo de polla que me pueda satisfacer. Sé perfectamente que todo el tratamiento que le he ido administrando, debería haberlo hecho con algo más de control y en dosis más reducidas, pero si en sus genes hubiera existido algo más de virilidad, debería haberle quedado un poco de ella. No sabéis las ganas tan enormes que tengo, de que salga alguna vacuna que nos de tranquilidad a todos, y al mismo tiempo me dé la posibilidad de poder volver a citarme con machos ardientes, que sepan proporcionarme todo ese morbo que necesito, brindándome una buena ración de rabo, hasta que mi sexualidad quede saciada y sobre todo que sepan someter bien al estúpido carnero, las ganas que tengo de joderle la vida y amargarle la existencia al excremento con patas, son tantas, como las de ser bien follada.


 

 

      Debido a toda esta etapa tan anormal y preocupante, mi AÑORANZA para poder estar de nuevo en situaciones como la que podéis ver en este reportaje, me resultan extremadamente deseables. Al volver a ver estas fotos, no puedo evitar tocarme el coñito recordando esa noche y otras muy similares en las que el juego de seducción con los machos anhelantes de sexo terminaban en inevitables orgasmos, tanto de algunos de ellos como el mío propio.

 



 

 

      Como podéis imaginar, son ya varios meses sin haber podido dar rienda suelta a mis armas de seducción para cazar machos, pero me gusta rememorar los efectos viciosos que suelo producir en la mayoría de los hombres con los que me topo en alguno de los clubs swinger que suelo visitar, siempre por supuesto, acompañada por el asno cuernilargo.



 

 

      Ese juego morboso al que tan adicta soy, comienza por lo general al poco de llegar a cualquiera de los clubs de intercambio que gusto frecuentar (aunque algunos de los locales se prestan mejor que otros a mi forma de hacer las cosas). Normalmente lo primero que hago al llegar, es pedir alguna bebida en la barra y mientras disfruto de mi consumición, suelo empezar con el primer contacto visual, comprobando el ganado masculino y cruzando coquetas e insinuantes miradas con los espécimenes más interesantes, mientras y al mismo tiempo intento mostrar la forma despectiva y dominante en el trato al cornudo, dejando bien claro, que lo que yo busco son otros tíos más hombres y viriles que él. Cuando veo que las miradas son más insistentes, (cosa que desde luego facilitan mucho los atuendos provocadores que suelo vestir para esas ocasiones), me dirijo al ciervo autoritariamente y de forma que pueda ser escuchada por aquellos hombres que tengan interés en tener algún acercamiento conmigo, indicándole que me siga al pasillo francés y que como buen siervo me lleve la bebida. Me doy la vuelta y contoneando el culo y seguida por el ternero a corta distancia me meto al otro lado de los glory hole, siempre con ese nerviosismo y pizca de adrenalina por averiguar si les apetecerá acercarse a sobarme o no, aunque casi siempre la respuesta suele ser muy positiva.



 

 

      Debido al uso obligatorio del cinturón de castidad por tiempo prolongado, unido a los preparados de hormonas (Quizás excesivos) que le he hecho tomar al mongolo de mi marido, mezclándolos en sus comidas, han desembocado en ese engendro afeminado y de pitito enano que actualmente ostenta. Os confieso que su cuerpo de formas mujeriles, me produce malas vibraciones; esas tetas hinchadas, acompañadas por el gordo culo y ese clítoris que tiene por pene, me hacen verlo más como una maricona vieja y hormonada que como un hombre, por todo ello me resulta inevitable que todo ese conjunto de anormalidades afeminadas,, despierten en mí un inmenso menosprecio, que se une irremediablemente a un gran deseo por tener a mi alcance la dureza de pollas como las que veis en estas fotos, sobre todo como la más grande, dura y goteante de líquido preseminal, que no me canso de admirar.

 



      Cuando me meto al otro lado de ese "pasillo francés", lo primero que hago es tomar posiciones. Ordeno al carnero ponerse en uno de los laterales, y a ser posible apartado de la zona donde pretendo exhibirme, pero lo suficientemente cerca para que pueda fotografiar bien sus cuernos y al mismo tiempo que no sea ningún obstáculo que pueda coartar la decisión de los tíos que deseen meterme mano. Una vez que tengo al cerdo ubicado en la posición adecuada, paso a situarme como a unos dos metros de los agujeros del vicio y mientras comienzo a bailar y a moverme sensualmente, ordeno al eunuco que me tire algunas fotos con flash, lo hago de esta forma para evitar malos entendidos, ya que, si alguno de los hombres no quiere que sus manos o polla salgan en la foto, ya sabe lo que tiene que hacer: marcharse.



 

 

      En el momento en que vislumbro entre la oscuridad, que algún macho está esperando expectante sobre lo que pueda suceder, yo sigo bailando provocadora y poco a poco, balanceándome sensualmente, voy acortando las distancias hasta situarme a un par de palmos de la pared morbosa, en ese momento, resulta muy raro que alguna mano nerviosa e insegura no me roce la espalda, la cintura o el cuello, tratando de comprobar mi reacción y si voy a acceder a sus tocamientos (Qué poco se imaginan lo deseosa que estoy de ser sobada, calentada, lamida, masturbada, etc.etc.). En el instante en que comprueban que soy altamente receptiva a sus caricias y de que el cornudo cabrón, no tiene opción a protesta alguna y solo hace que tirar fotos, las manos que antes iban precavidas dejan de serlo volviéndose mucho más activas, pasando a recorrer otras partes mucho más eróticas de mi anatomía: culo, tetas, pelo, muslos, coño, al principio lo hacen por encima de la ropa y al poco tiempo es desplazada para seguir sobándome y calentándome piel con piel.

 



      Todos estos preliminares traen consigo el inevitable calentamiento mío y también el de ellos, por mi parte y casi siempre con las tetas fuera de la ropa y los pezones duros, me asaltan unos deseos enormes de que alguna boca se apodere de mis enhiestos mamelones absorbiéndolos como bebés lactantes deseosos de exprimirlos, por eso y llegada a ese punto de calentura, me encanta meter mis pechos por algunos de los agujeros esperando esas bocas ardientes que nunca tardan en llegar, me gusta sentirme como la madre puta que disfruta dando de mamar mientras es masturbada, casi no sé cómo describir la sensación que tengo cuando mi areola con el pezón rígido y estirado se encuentra dentro de la húmeda boca de algún macho (que por otra parte no tengo ni idea de cómo es físicamente), mientras su lengua lame mis tiesos pitones, mentalmente me lo quiero imaginar con la fisonomía que más morbo me pueda aportar y calentar, pero soy consciente de que el tío o tíos, ya que a veces son uno en cada teta los que están sorbiendo de ellas, puede ser un chico joven o quizás un viejo verde, pero me da igual, yo lo que quiero es disfrutar del momento y de que la boca, lengua y labios sepan manejar y darme placer en mis duros y anhelantes garbanzos, mamando de ellos como si se trataran de las ubres de una vaca.

 



     Lo más normal, es que cuando estoy atrapada e "indefensa" sujetada fuertemente por varias manos que me presionan contra la reja para que no me aleje, apoderándose de mí y desnudando mi cuerpo, me encuentre con que algunas de sus pollas comiencen a traspasar los agujeros de la pared, buscando deseosas el contacto con mis manos. Cuando eso sucede libero mis brazos, (algunas veces con esfuerzo) porque me encanta sopesarlas comprobando el tamaño, tacto y dureza, así como el grado de humedad que produce la lubricación en sus amoratados glandes. Cuando siento que esa babilla viscosa moja la palma de mi mano, se transmite a mi chocho una humedad muy similar e inevitablemente termino mojando los dedos de los machos que en ese momento me trabajan el clítoris o se introducen en mi cueva del placer, en ese chapoteante intercambio de fluidos, muchas de las veces, acude a mi cerebro la presencia de la maricona que tengo por marido y no puedo evitar ordenarle que se acerque a mí, pasándole mi embadurnada mano por la cara y boca haciéndole lamer el extracto de semental, para comprobar si al puto cornudo de mierda se le pega algo de hombre.

 



 

 

      Al contemplar de nuevo las fotos de este reportaje, no puedo evitar sentir esa tremenda AÑORANZA viciosa que traen a mis cercanos recuerdos (aunque en estos momentos de incertidumbre parecen tan lejanos). No puedo dejar de volver a humedecerme acordándome de las sensaciones tan sumamente excitantes que me produce el envolver dentro de mis manos esos gordos capullos suaves y duros, chorreando el fluido viscoso y transparente que tanto me excita, mientras los siento cabecear entre mis dedos como si tuvieran vida propia, reclamando con sus saltitos y diminutas boquitas, la máxima atención, además el olor que desprende el líquido preseminal, actúa para mis sentidos como el más estimulante de los afrodisíacos y me resisto a dejarlos escapar, sujetando con ellos a sus dueños, hasta que los muy cabrones no consiguen que me corra como una cerda cachonda, muchas veces desearía meter esos violáceos glandes en mi boca de zorra, para que mi lengua absorbiera todo el líquido viscoso que la boquita de la uretra expulsa, fruto de la excitación del semental, pero afortunadamente y a pesar de mi calentura, todavía suele quedarme un poco de sensatez para no tragar desesperadamente todas las vergas enhiestas que emergen por los viciosos glory hole. Otra cosa muy distinta, es cuando decido copular con alguno de ellos, cuando llevada por la calentura se da esa circunstancia, todo cambia y me entrego sin cortapisas a los besos, mamadas y muchas cosas más, tengo muy claro que si no va a ser así, prefiero no follar.

 



      Al final de todo ese morboso juego suelo quedar exhausta a causa de haber orgasmado más de una vez. Llegada a ese punto me toca recomponer el vestuario para salir a la zona de la barra, aunque a veces me resulta algo complicado, debido a que los machos me suelen dejar impregnada de semen, babas o de mi propia corrida, pero eso es lo de menos, me gusta oler a sexo y no me importa que se aprecien tanto en mi ropa o piel, las huellas que certifiquen todo lo puta caliente que puedo llegar a ser.

 

 



      Para hacer que el carnero atocinado también participe de la fiesta, me gusta humillarlo obligándolo a lamerme las manos, poniéndolo de rodillas delante de los machos, aunque separado de ellos por la pared e introduciendo mis embadurnados dedos con sabor a pija de semental, en su asquerosa y babosa boca, lo degrado e insulto delante de los expectantes ojos que se adivinan al otro lado del pasillo tratando de entrever lo mejor posible toda la escena de dominación y vejación a través de la envolvente penumbra.

 



      Después de haber quedado satisfecha en la zona oscura, me gusta volver a salir a la barra para tratar de identificar a los propietarios de cada una de las vergas que he tenido el inmenso placer de pajear. En algunas ocasiones, sea por las camisas o por sus miradas viciosas, más o menos me hago una idea. En otras, alguno de los machos más atrevido se acerca y me comenta lo mucho que le ha gustado, cuando eso sucede, me encanta entablar conversación no exenta de morbo y en algunas contadas ocasiones si el juego se prolonga y la calentura también, puedo saltarme mis reglas, pedir a la camarera un par de toallas y meternos dentro a fornicar como perros salidos, mientras el cornudo espera en la barra a que terminemos de satisfacer nuestros instintos primarios.

 



      Cuando la velada viciosa ha terminado y ya de vuelta en casa. Antes de acostarme me gusta joder un poco más al hijo de puta mamón, haciéndole pasar la lengua por las zonas de mi cuerpo que han sido más sobadas por manos y vergas para hacerle recordar la basura que es y para lo único que puede servirme. Después de esa última humillación me retiro a descansar, mientras mi puto siervo se encarga de limpiar mis ropas y dejarlas dispuestas para la siguiente ocasión.

 



     Seguramente os preguntaréis porque estando tan caliente no me dejo follar por pollas tan hermosas y goteantes como esa que veis en las fotos, pues bien, como ya he dicho antes, alguna vez si que me dejo montar por alguno de esos machos que no me pone pegas a dejarse fotografiar e incluso en alguna que otra ocasión he permitido que me la claven bien a fondo sin que el semental de turno me permitiera grabarlo, pero esto último solamente sucede si soy presa de una calentura extrema y el tío me gusta mucho, muuuucho. El problema en los pub's, es que nunca voy con nada previsto de antemano y los hombres que me encuentro no me conocen y no saben del enorme respeto que tengo para preservar la identidad de todos los tíos que tengo el gusto de conocer, por ese motivo, yo entiendo perfectamente que puedan desconfiar de mis auténticas intenciones. Yo también desconfiaría.

 



     Espero y deseo que el covid-19 se supere pronto para poder dejar de AÑORAR y volver a vivir situaciones tan o incluso más morbosas y viciosas que las que hasta la fecha he disfrutado, mi imaginación en estos días tan restrictivos no para de imaginar y fantasear con perversas y calientes situaciones que vayan un paso más allá de las vividas hasta la fecha.

 





















domingo, 26 de julio de 2020

BAJADA AL PILON



      En la ruta vacacional que emprendí el pasado septiembre, acompañada como es habitual por mi perro sumiso, visité algunas ciudades pernoctando en ellas tres, cuatro ó cinco noches, según las posibilidades turísticas o morbosas que me pudieran deparar. El relato que hoy os cuento, sucedió en la ciudad de Cuenca, último lugar en el que estuve antes de volver a Zaragoza.

      Como suelo hacer habitualmente siempre que viajo a algún lugar de la península, colgué un anuncio en internet explicando mis pretensiones y deseos de conocer a hombres morbosos y activos, para tener un posible encuentro sexual, siempre claro está, que se mostraran de acuerdo con las condiciones que pongo para tener una primera cita. Como suele suceder, me escribieron bastantes candidatos a tener relaciones conmigo, pero también como casi siempre, muchos de ellos lo hacían pasando olímpicamente de la presencia del cornudo, sabiendo de antemano que la degradación y sometimiento de mi estúpido marido eleva las cotas de mi placer de una forma exponencial y por ese motivo lo pongo como condición imprescindible para llegar a conocerme.




      Llegamos a Cuenca bien entrada la tarde, dejamos las maletas en el hotel y viendo que el sol ya declinaba decidí salir con mi mascota semi-canina a estirar piernas y patas, con el fin de desentumecerlas después del largo viaje y también como no, para tomar algún pequeño tentempié acompañado de una refrescante cervecita y agua para el animal, no le fuera a entrar la rabia, ja,ja,ja.

      Después de la frugal merienda-cena y de pasear un rato por una zona ajardinada, consideré oportuno regresar al alojamiento para disfrutar de una buena ducha y también permitir remojarse al perro. Una vez que terminé el estimulante baño y ya más relajada, me anudé una toalla en la cintura a modo de pareo, dejando mis pechos al aire sin importarme la presencia del animal y me puse a revisar los correos y mensajes del wasap, con el fin de comprobar cuantos posibles amantes me habían escrito. Mientras yo lo pasaba bien leyendo algunos textos bastante subidos de tono como a mí me gustan, mi siervo colocaba la ropa en los armarios y lustraba mis zapatos de tacón alto hasta dejarlos más que relucientes.





      En la habitación había una mesa-tocador, en la que yo deposité el ordenador portátil, una silla, en la que dejé colocada la ropa que me quité y un silloncito bastante mullido donde asenté mis posaderas para responder a los mensajes recibidos, quedaba a mi espalda una hermosa y amplia cama de matrimonio con una mesilla a cada lado.

     Como prácticamente siempre me suele ocurrir, algunos de los correos que me habían llegado tenían morbo e imaginación, mientras que otros muchos me resultaron aburridísimos limitándose a poco menos que a un escueto: "Soy Macho Alfa, Tengo un pollón enorme y Quiero Follarte". Estos últimos me limitaba responderlos educadamente, pero con un mensaje tan corto y acorde al contenido recibido. Embebida en la pantalla del ordenador, escuché la voz de Porky a mi espalda,
- Señora ya he terminado de hacer todo lo que me ordenó ¿Puedo encender la televisión?
- Ni se te ocurra hacerlo, -contesté- no tengo ganas de escuchar nada que me desconcentre. Siéntate a descansar que mañana hay que moverse y no quiero que hagas ningún ruido molesto que pueda incomodarme.



     Continúe leyendo los correos recibidos hasta que uno en concreto que me había enviado Carlos, despertó mi atención por encima de los demás, se trataba de un chico con el que llevaba algún tiempo intercambiando mensajes y que desde el primer momento me dio la impresión de que iba en serio y buscaba contacto real. En su escrito me decía que en la mañana siguiente podría desplazarse a conocerme, ya que Cuenca le caía mucho más a mano que Zaragoza y no quería desaprovechar la ocasión. Con la inherente curiosidad morbosa que siempre me despierta el conocer a un posible amante, le contesté inmediatamente aceptando la cita y proponiéndole el lugar en donde nos podíamos encontrar; me contestó afirmativamente y mi mente comenzó a fantasear en cómo se podría desarrollar el encuentro y en como de morboso podría resultar el desconocido macho.

     Después de leer todos los correos y hacer la selección de los más interesantes, me encontré bastante desvelada, seguramente fuera debido a la excitación que esas lecturas calientes y el deseo de los hombres por follarme me produce, así qué para irme relajando poco a poco, me puse a ver algunas páginas bdsm, tratando de sacar nuevas ideas de castigo para administrar a los sumisos que pudieran caer bajo mi dominio.




      De repente un ronquido ahogado proveniente de mi cerdo Porky, me sacó de la perversa lectura, me volví y lo primero que vieron mis ojos fue que el puto desgraciado se había puesto un pijama de verano y se había acostado encima de la cama, además la ropa que el gusano había llevado en el viaje, estaba colocada en la silla, pegada a la mía, contaminándola con su apestoso olor a puerco. Enrojecí de ira y con gesto furibundo alcé el primer zapato que tuve a mano, descargando un fuerte zapatazo en sus orondas nalgas. El puto animal se despertó de un brinco, sobresaltado y asustado, con los ojos desorbitados me miró acobardado y suplicando,
- Lo siento mi Ama, perdón....perdón ¿Qué he hecho ahora Señora?....ha sido sin querer amor mío...lo siento...lo siento.
- Puto tocino de mierda, ¡¡DESNÚDATE YAAA!!, ¡¡LOS CERDOS VAN EN PELOTAS!! ¿Y a ti, quien cojones te ha dado permiso para tumbarte en la cama, PEDAZO DE MIERDA?, no soporto las sábanas arrugadas y calientes y aún AGUANTO menos tu nauseabundo olor porcino.
- Si Señora, lamento haberla molestado, lo siento mucho -dijo lloriqueando-
- Mira lo que hago con tu ropa imbécil, -la tomé de mala manera, haciendo un rebullo con ella y la arrojé a un rincón- No soporto que tu hedor animal se pueda impregnar en mi vestimenta, puerco asqueroso. ¡¡RÁPIDO, FUERA DE LA CAMA Y TÚMBATE EN EL SUELO, NO TE QUIERO CERCA DE MÍ!!
Aceleradamente y compungido saltó de la cama tan deprisa, que tropezó y se dio un fuerte golpe contra una de las mesillas, que me hizo estallar en carcajadas. Contemplar su desencajado y dolorido rostro despertó en mi un poco de compasión y le concedí permiso para sacar un par de mantas del armario y tumbarse sobre ellas.

      Volví a sentarme e ignorando la presencia del marrano continué viendo aquellas páginas altamente estimulantes que desde luego no invitaban a dormir, sin darme cuenta del tiempo transcurrido se me hicieron casi las tres de la mañana, hasta esa hora estuve mirando vídeos viciosos y leyendo relatos de dominación y cuernos (esos temas me encantan y me calientan), mientras lo hacía, llegaban a mis oídos los movimientos y leves gemidos del chancho tratando de acomodarse en su improvisado lecho.

      Cuando el sueño comenzó a vencerme, apagué el portátil y me dispuse a dormir, pero como el respirar fuerte del animal me molestaba, le di un puntapié a la altura de las costillas, que de nuevo le sacó de su sopor e instintivamente se puso de pie con el rostro demacrado y somnoliento, divertida al advertir su patética expresión le ordené burlonamente,
- Ya que te has levantado, te quedas de pie y cuando yo me acueste apagas la luz y te tumbas en tu catre, pero no se te ocurra dormirte hasta que no estés seguro de que yo lo hago plácidamente, no soporto que me incomodes con tus porcinos ronquidos, si perturbas mi descanso con ellos te sacaré al pasillo tal y como estás ahora. Bajó la cabeza mansamente y obedeciendo mis órdenes se quedó al lado del interruptor haciendo guardia hasta que yo dulcemente me fui abandonando en los brazos de Morfeo.



      Seguramente que influenciada por todos los vídeos porno y sado que había estado viendo en el ordenador, mi descanso estuvo plagado de diferentes y variados sueños de marcado contenido sexual en los que se entremezclaban, lenguas, grandes pollas, cadenas, dominación y mucho semen embadurnando todo mi cuerpo. Me desperté de golpe acariciando mi coño (en verano me gusta dormir desnuda) y girando la cabeza pude ver como el guarro inservible dormía en posición fetal. Me cabreó el hecho de tener por marido un desgraciado impotente como Porky, pero por el momento preferí ignorarle y concentrarme en mis calientes fantasías pajeándome enérgicamente introduciendo tres dedos en mi húmeda cueva mientras el pulgar rotaba sin descanso frotando mi pequeño botoncito. De vez en cuando llevaba a mi boca la mano húmeda que tanto placer me daba, lamiendo glotonamente mis propios fluidos ya que cuando estoy cachonda como una perra, me encanta el sabor que destila mi ardiente chocho, estuve masturbándome un buen rato hasta conseguir explotar en un fuerte orgasmo y después ya más relajada volví a caer de nuevo en un cálido sueño.

      Cuando me volví a despertar, miré el reloj y comprobé que había estado dormida demasiado tiempo y acordándome de mi cita, me di cuenta de que debería darme prisa si quería ser puntual. El manso seguía dormido en la misma posición fetal, era notorio que su noche no había sido demasiado cómoda ¡Qué se joda por inútil!, seguía en la misma posición, con las nalgas muy aparentes, para despertarlo como se merece. Le di dos fuertes azotes que le hicieron botar acojonado,
- Levántate cabrón y prepárame una ropita sugestiva, para ponerme hoy, quiero sentirme sexi así que a ver si tienes algo de buen gusto y sabes complacerme. Cuando la hayas elegido vienes al baño con una toalla suave para secarme y darme crema hidratante por la espalda después de mi ducha.
- ¿Qué prefiere Ama, falda, vestido o leggings? -Me preguntó con su estupidez habitual-
- Sorpréndeme bobo, a ver si en tu corto cerebro, tienes algo de inteligencia y buen gusto.


      Después de secarme el pelo, volví a la habitación y comprobé la ropa que me había preparado el cabestro, no me pareció del todo mal, pero le dije,
- No me disgusta perro, aunque sobran la braga y el sujetador, la blusita que me has preparado es sugerente, pero merece que mis pezones se marquen en ella y en cuanto a los leggings, parece mentira que no sepas que me gusta llevarlos ajustados y marcando los labios de mi coño, eres estúpido hasta para eso.
- Recoge toda la habitación, mientras yo bajo a desayunar. En cuanto termines y antes de 15 minutos te quiero esperando en la puerta del hotel, hoy te voy a dar un paseo por el parque a ver si te espabilas un poco y si tienes hambre no te preocupes que ya "comerás".



     El obediente Porky, comenzó a cumplir mis órdenes, mientras yo cerraba la puerta a mis espaldas bajando a tomar un ligero desayuno. Una vez en la cafetería y mientras bebía un zumo de naranja, disfrutaba al observar como un par de camareros no quitaban sus ojos de mis movimientos y sobre todo de mis bamboleantes tetas, el saberme deseada me hacía sentir muy bien, me encontraba feliz y expectante por el hombre que iba a conocer. No podía evitar el acordarme de la suerte que me había deparado el destino, haciéndome descubrir una forma de vida tan diferente a la que había tenido durante años y además, poder haber encontrado, en el que otrora fuera mi marido, un esclavo totalmente sometido a mis intereses y prisionero de mis deseos. Aunque el cerebro de Porky ya está bastante deteriorado por causas que prefiero no desvelar, todavía es muy consciente de que lo tengo terriblemente agarrado por las pelotas (metafóricamente hablando) y solamente se podrá librar de mi yugo, el día que me canse de él o lo metan en el ataúd.

      Sonreía para mis adentros, malévolamente divertida por toda la perversidad y diversión que me producía el hecho de llevar al cornudo a conocer a un macho que posiblemente lo iba a humillar para posteriormente convertirse en mi amante, sin que el muy estúpido y confiado ciervo tuviera ni la más mínima idea y que seguro le iba a causar una enorme perturbación y disgusto. Sé que muchos pensaréis que soy una Dómina cabrona y sin sentimientos, y debo reconocer que con respecto a Porky no os equivocáis demasiado al juzgarme de esa manera.

     Los camareros no paraban de mirarme mientras cuchicheaban entre ellos y se turnaban para servirme el café o las tostadas, limpiar la mesa, etc. etc., yo les sonreía agradecida por todas las atenciones que me dispensaban y que con otras mesas obviamente no tenían. Cuando hice ademán de levantarme acudieron ambos "galantemente" para retirarme la silla; pude darme cuenta de que lo hicieron con la clara intención de ver mi culo lo más cerca posible. Esos bonitos y al mismo tiempo morbosos detalles me encantan y me hacen sentirme deseada como hot wife.

      Observé el reloj de nuevo y pensé que Carlos estaría al caer, así que entré un momento al baño del vestíbulo para retocarme el maquillaje y después salí a la puerta, en la que el perro siguiendo mis órdenes, estaba esperando a su dueña,
- ¿Has visto que mañana tan hermosa para que trotes por el parque? - Le dije burlonamente -
- Sí mi Ama....muy buena mañana Señora
- Pues dame las gracias por sacarte de paseo
- Gracias Ama, es usted muy buena conmigo.



      El parque quedaba justo detrás del hotel y no había mucha gente, yo permanecía pendiente del móvil esperando la llamada de mi desconocido amigo, pero mientras eso sucedía, saqué de mi bolso una pelota de goma que suelo llevar y comencé a lanzársela a Porky para que me la fuera trayendo a mi mano, una vez tras otra se la ponía en la nariz para que la olfateara y se la volvía a tirar. Estuve jugando con el perro como un cuarto de hora, pasados los primeros minutos, el animal tenía la cara enrojecida y sudorosa, se trata de un chucho viejo y gordo por lo que el ejercicio prolongado desemboca siempre en una gran fatiga, por eso todavía me lo paso mejor cuando lo veo jadear. Algunas veces cuando lo veo tan agotado y ridículo, pienso que le pueda dar un infarto pero, por otro lado, también pienso que si eso sucediera, tampoco se perdería demasiado.  Acababa de entregarme la pelotita, cuando sonó el teléfono, no lo cogí a la primera ya que no quería que Porky supiera que había quedado con un chico, así que le lancé la pelota con fuerza hacia un desnivel fuerte del parque para que se alejara lo más posible. Descolgué entonces el móvil y efectivamente era Carlos, le dije donde me encontraba y como iba vestida, vi que en la zona más alta del parque había unos bancos y le emplacé en uno de ellos.

      Cuando el chucho sudoroso, me entregó la pelotita, le hice limpiarla de sus babas y la recogí en mi bolso, luego le ordené seguirme hasta el lugar donde más o menos había quedado con mi amigo. A pesar de haber conocido tantos hombres, siempre me invade un cierto nerviosismo e intensa curiosidad por saber cómo es la persona que voy a conocer y si cumplirá o no, todas mis expectativas. Me senté en uno de los bancos y le permití al perro que descansase, no tengo que darle más indicaciones, el animal ya sabe que su lugar es el suelo y a mis pies, se tumbó respirando agitadamente hasta que pasados unos diez minutos llegó Carlos, nos identificamos y me causó muy buena impresión nada más verlo, mientras que el cornudo ponía cara de incertidumbre y confusión sin entender nada. Como es tan estúpido aún no se ha acostumbrado a las sorpresas que suelo depararle.



      Después de los saludos y de hacer caso omiso de la presencia del ciervo, enseguida tomamos confianza, mientras que el cerdo bobo seguía sin enterarse de lo que estaba sucediendo en su puto hocico, hasta qué pasados unos pocos minutos, comenzamos a burlarnos de él y las manos de Carlos empezaron a explorar mi cuerpo. Me encantó su decisión, pero todavía me gustó más la forma humillante en cómo le hablaba al cabestro. Es una lástima que, por razones obvias de discreción, no os pueda mostrar el rostro de burla y menosprecio con que mi amigo se dirigía al manso. Sin emplear insultos fuertes ni tono de voz altisonante, supo degradarlo y empequeñecerlo como hombre, haciéndole sentir lo que en realidad es: ¡Una puta mierda!, me resultó muy excitante el contemplar como el cuernilargo se encogía cobardemente ante las frases vejatorias del Macho Superior.

      Esa primera toma de contacto me resultó muy satisfactoria y disfruté mucho mientras duró la cita, lo vi un chico con muchísimas cualidades, tales como un buen físico, limpieza, morboso, divertido, dominante con el cornudo y muy decidido, el único pero que puedo ponerle, es que el tamaño de la polla de Carlos no se corresponde con los parámetros que yo prefiero, aunque en cuanto a dureza no me pude quejar. De todas formas, aunque en aquel momento no lo pensé, pasados los días he ido dándole vueltas a la cabeza y he llegado a la conclusión y siempre que a él le apetezca en un futuro encuentro, que el grosor de su rabo sería ideal para iniciarme de nuevo a ser jodida por el culo y tratar así de vencer esos miedos que me causaron al ser penetrada por un antiguo amante de forma inadecuada y casi violenta. Me excita la idea de ser montada por dos machos al mismo tiempo y por culpa de aquella mala experiencia, llevo resistiéndome desde hace años a llevar a cabo esa viciosa doble penetración.

     Carlos se calentó bastante en la entrevista y llegado a un punto me sugirió tener el encuentro sexual en aquel momento, pero aunque yo también estaba cachonda por su actitud y tocamientos, decidí no romper mis condiciones, en las que remarco claramente que en la primera cita solamente se trata de comprobar si existe feeling entre ambos y comprobar diferentes puntos, además de morbosear si se tercia la situación y hay buena sintonía.



      En mis primeros tiempos de iniciación a esta forma de vida tan excitante y viciosa, accedí a follar con el macho de la primera cita y nada más conocerlo como en unas 3 ó 4 ocasiones y en todas ellas resulté tremendamente decepcionada, terminando el rápido encuentro, muy mal montada, cabreada e insatisfecha, además sin haberle hecho pasar ningún tipo de humillación al mierda de cornudo, aquellas malas experiencias me llevaron a replantearme la forma en cómo debería llevar el tema de las citas e inevitablemente eso fue lo que me motivó a cambiar mi forma de hacer las cosas, aunque muchas veces con los calentones del morboseo, me cuesta mantenerme en mis trece y no ponerme a copular con el semental allí mismo, pero soy consciente de que hacerlo de esa forma, aunque deba despedirme del macho con el coño chorreando, al final me ha proporcionado muchísimas más satisfacciones y calientes encuentros sexuales a posteriori, siendo en ellos muy bien montada y el cornudo cabrón muy humillado y sometido, como a mí me gusta. Aunque no os negaré que a pesar de todas esas medidas que tomo, alguna decepción también me he llevado, pero realmente han sido muy pocas, así que prefiero no cambiar esa condición, aunque alguna vez, y más cuando el macho hace desplazamiento largo para verme, me resulta un poco duro dejarle marchar sin deslecharlo, pero me gusta ser muy sincera y ninguno viene engañado por mí. Después de tantas entrevistas como he tenido me han ido demostrando que posponer el encuentro para hacerlo en una segunda ocasión nos abre a los dos, tanto a él como a mí, la posibilidad de meditar fríamente sobre nuestro físico, olor, gustos, conversación, morbo, etc.etc., además el habernos conocido personalmente y cambiado impresiones sexuales y gustos, nos permite ir fantaseando con las muy variadas y morbosas situaciones que deseamos llevar a cabo y además ir maquinando toda la serie de humillaciones o castigos con que deseamos obsequiar al esclavo cornudo.



      Casi al final de la entrevista, Carlos me preguntó si le permitiría usar al cerdo para que le hiciera una mamada, mi respuesta fue muy afirmativa y además me encantó prestarle al lechón chupa-pollas, para que lo usara como mejor le pareciera. Le contesté que si lo deseaba podía darle el biberón sin ningún problema, además ya sabéis que le había dicho al puerco que más tarde "comería", así que una buena ración de leche le vendría muy bien para no romper mi palabra. Le ordenamos al tocino que nos siguiera hasta una zona del parque un poco más oculta a las miradas, no me hubiera gustado que algún niño viera la pervertida escena de un puto marrano mamando pija. Anduvimos unos pocos metros más abajo hasta que encontramos un rincón algo más discreto, ordenamos al animal arrodillarse y comenzar a tragar y ensalivar el rabo de Carlos. Desafortunadamente a mi futuro amante, no le gustó demasiado como se la chupaba y no pudo correrse, creo que los nervios también le influyeron porque como podéis ver en el vídeo, después quise ordeñarlo yo, pero también se resistió a dejarme comprobar la cantidad de semen que podían derramar sus preciosos cojones.



     Con la agradable sensación de haber conocido a un morboso y futuro amante, nos despedimos con otro buen morreo de lenguas retorcidas y por supuesto, con la firme intención por mi parte de volvernos a encontrar para tener una buena sesión de sexo vicioso sin ningún tipo de prisa. Seguramente que esa primera sesión ya se habría producido si el puto coronavirus no hubiera hecho acto de presencia, cambiando todos nuestros proyectos sexuales y también de forma de vida.