Hace pocos días tuve el enorme placer de poder disponer de dos
sumisos para llevar a cabo mis juegos de dominación, uno de ellos se llama
Luisy, es un hombre delicado que gusta de sentirse femenina; la otra era una
hembra que me proporcionó Luisy y que por primera vez iba a ser iniciada en el
sometimiento, (por no dar su nombre la llamaré Perra).
La relación con el sumiso viene de hace como unos 7 años, en
aquel entonces me contactó a través de alguna página donde yo ponía mis datos y
después de algún correo para ir conociéndonos más en nuestros gustos, quedamos
para vernos las caras, en un bar cercano a su domicilio, él ya me había
transmitido parte de sus inquietudes y en la cita de ese día me las confirmó
después de charlar un buen rato.
Como el chico me gustó por su físico e higiene, no dudé y le
propuse subir a su piso, él se mostraba nervioso pero al mismo tiempo deseoso
de experimentar una sesión conmigo y con Porky que como buena mascota siempre
me acompaña. Subimos y en una habitación algo más espaciosa que las demás, hice
desnudar a los dos perros y les ordené ponerse unas ropas de niña que yo había
llevado en una bolsa que portaba mi esclavo, desde el momento que estuvieron
vestiditas pasaron a ser mentalmente, dos pequeñas alumnas en manos de una severa
maestra en la que yo me transformé, me gustó la situación y aunque no recuerdo
todos los detalles de la sesión debido al paso de tanto tiempo, si que hubo
algunos que se me quedaron grabados porque me resultaron especialmente morbosos
y excitantes.
Tenía a las dos putitas de rodillas delante de mi, mientras yo
me paseaba altiva ante sus cabezas agitando una negra paleta en la mano, de vez
en cuando me dirigía a una de ellas y le hacía una pregunta escolar, si era
contestada a mi gusto le acariciaba el pelo en señal de conformidad, pero si
fallaba, golpeaba la palma de su mano hasta ponérsela roja o también la
castigaba de cara a la pared y con los brazos en cruz ,sujetando algún peso,
hasta que este vencía la resistencia de la niñita cayendo al suelo y dándome la
excusa perfecta para volverla a golpear.
En la hora del recreo les permití, siempre bajo mi dirección
que tuvieran relaciones lésbicas, les ordenaba tumbarse una sobre la otra
levantando sus falditas y con las braguitas medio bajadas les hacía chuparse
sus pequeños clítoris en un excitante 69, hasta que las oía jadear y observaba
que sus movimientos se hacían más compulsivos, en ese momento con unas palmadas
las obligaba a parar, diciéndoles que la hora del recreo había terminado,
quedando ambas en un tremendo estado de frustración.
Por otra parte y como si yo fuera una maestra de mente
retorcida y pedófila me gustaba meter la mano debajo de sus falditas y
comprobar si habían mojado la braguita o si llevaban el "clítoris"
duro, si me lo encontraba de esa forma eran también castigadas por ser unas
putitas marranas y pervertidas, al darse ese caso eran obligadas a meter la
cabeza debajo de mi falda y lamer mi coño durante un buen rato.
Luisy (que en aquellos momentos era llamada como La Nena) se esmeraba
en meter la lengua bien adentro y en dar largos lengüetazos recorriendo toda mi
rajita, no negaré que me proporcionaba un inmenso placer, por ese motivo decidí
premiarle y que mejor forma que permitiéndole descargar el contenido de sus muy
hinchados cojoncillos, pero por otra parte faltaba saber como hacerlo, no me
apetecía pajearlo yo y tampoco quería en ese momento verlo delante de mi
meneándosela como una mona, así que me decidí por lo siguiente, hice que la
putita cerdita Porky, se pusiera a cuatro patas con la cabeza apoyada en una
silla, de esa forma su parte trasera quedaba totalmente ofrecida, le levanté la
faldita y le bajé las bragas a medio muslo dejando a la vista de La Nena, el
gordo culo con su pequeño agujerito listo para usar, le ordené que la montara
hasta descargar toda su simiente en la barriga de la cerda, como Luisy, no
tiene una pija demasiado grande pudo hacer el apareamiento sin ningún problema,
la cerdita con la mirada oculta aguantó bien todos los empellones que con
fuerza le daban, sin gemir ni protestar, yo gocé contemplando el espectáculo
escuchando los huevecillos chocar contra la parte baja del culo de la puerca,
hasta que La Nena entre gemidos y dando unas fuertes sacudidas derramó la
lechada en el intestino de la putita, quedando exhausta y jadeante encima de la
tocina sometida.
Una vez contado a grandes rasgos lo que fue mi primer contacto
con Luisy, vuelvo al presente, ya que desde aquel encuentro, nos distanciamos y
aunque tuvimos algún amago de volver a contactar, debido a las inseguridades de
La Nena, motivadas quizás por su situación personal, llegó un momento en que
perdimos el contacto y ya no supe nada más de ella, hasta que hace como unos
tres meses me volvió a escribir disculpándose y diciéndome que ahora estaba más
convencida y que solicitaba pasar a ser de nuevo una puta chuleada a mi
servicio.
Hablamos durante unos días y al final me dijo que tenía una
amiga que le gustaría probar a ser sometida, proponiéndome una sesión conjunta
de ambas.
A mi me pareció muy bien esa sugerencia y accedí a tomarlas
bajo mi mandato, pero eso si, esta vez fotografiando y grabando mi esclavo
Porky, no hubo problema ni oposición al respecto y las fotos que acompañan este
reportaje son una pequeña parte del fruto de esa sesión, que terminaré de
contar en una segunda entrega.