sábado, 6 de abril de 2019

ESTÚPIDO FOTÓGRAFO 2





Entre dejar atado al cerdo y poner el mensaje para contactar, ya se me había hecho algo tarde, así que al salir a la calle, no busqué durante demasiado tiempo el sitio donde comer. Pasé por un italiano, La Tagliatella, (creo recordar), franquicia que ya conocía, puesto qué en alguna que otra ocasión en mi ciudad, había estado comiendo y tenía buenas sensaciones al respecto, así que sin más entré y después de inspeccionar la carta, me decidí por una ensalada y un plato de pasta que ingerí muy a gusto, al terminar salí de nuevo a la calle  y me senté en una terracita para tomarme un carajillo de Baileys con hielo, mientras disfrutaba de la sobremesa, envuelta en una agradable temperatura.
 

Estuve cerca de una hora en aquella relajante ubicación, pasado ese tiempo, decidí levantarme y estirar un poco las piernas, sabía que el cabrón de mi marido, no lo estaría pasando demasiado bien, pero tampoco me preocupaba demasiado, al fin y al cabo no era ni más ni menos que lo que se merecía y de todas formas aún pensaba hacérselo pasar peor.



Inicié un recorrido al azar, siempre sin alejarme demasiado del hotel, iba calzada con sandalias de tacones altos y no era cuestión de machacarme las piernas en exceso. Pasando por la calle París, me llamó la atención un Sex shop, que despertó mi curiosidad, cosa habitual en mí, ante estos establecimientos, así que sin pensarlo dos veces entré a curiosear.

Me gustó lo que vi, tenían bastantes más artilugios que otras tiendas de este tipo que anteriormente visité, nada más entrar me topé con una vitrina que había a la izquierda, en la que se exhibía una máscara porcina muy graciosa, que inevitablemente, trajo de nuevo a mi cabeza, la imagen del cerdo de mi esposo, tumbado en el suelo del baño, instintivamente me dirigí a la zona donde había expuestos diferentes elementos para azotar y después de recrearme viéndolos e imaginando, elegí comprar un látigo y una pala de cuero, que me parecieron bastante expeditivos.



Contenta, con mi adquisición en un paquetito y ansiosa por probar esos útiles, me dirigí de nuevo al hotel, al llegar me encontré al gorrino tirado en el suelo, tal y como lo había dejado, pero el muy guarro no se había podido contener durante las aproximadamente 5 horas que yo había estado fuera y se había orinado, la visión resultaba asquerosa, la bestia yacía tendida sobre sus propios meados, me dio tanto asco que no pude reprimir el darle una patada y escupirle en la cara, el ciervo solo dio un respingo, al mismo tiempo que un pequeño quejido, mientras me pedía perdón por no haberse podido contener. Lo desaté y le ordené meterse en la ducha para limpiarlo (Odio el olor a cerdo meado), puse la alcachofa de la ducha a máxima presión y con agua fría comencé a dirigir el caudal de agua sobre su cuerpo, más si cabe hacia los genitales, quedando su pequeño pito reducido a la mínima expresión, me imagino que debido a la frialdad del líquido. Lo tuve un buen rato en remojo y tiritando, de vez en cuando le hacía girarse y le dirigía el fuerte chorro hacia la boca y nariz, hasta provocarle cierta sensación de ahogamiento, que el puerco con ridículos movimientos de hocico trataba de evitar.




Una vez bien limpito, le ordené ponerse otro tanga de cuero que me gusta llevar siempre en la maleta sado, me gusta ir preparada por si tengo ocasión de exhibirlo ante otras personas, por mi parte, también me cambié la ropa que había llevado para salir por la calle y me puse otra indumentaria más acorde con la sesión de control que pensaba llevar a cabo.






Una vez semivestida con prendas más propias de un Ama, le ordené al hijo de puta, que me volviera a hacer sin rechistar, otro nuevo reportaje fotográfico, siempre claro está, con el fin de tener más material para poner nuevos anuncios, se lo hice saber para joderlo más y doblegar su estúpida y egoísta resistencia, me encendí un cigarrillo y mientras lo fumaba plácidamente, me contoneaba y exhibía delante del puerco, incluso en esta ocasión para encelarlo más y en contra de lo que en mí es habitual, me mostré en posiciones algo más ginecológicas que otras veces, (espero y deseo que estas fotos no os desagraden), solamente lo hice por darle una lección y vencer sus reticencias (en una de las instantáneas podéis ver al animal, obedeciendo cámara en ristre, plasmando las imágenes).








Cuando consideré que ya era suficiente humillación, le hice desnudarse y tumbarse en la cama. Teniéndolo en esa posición me era muy fácil comenzar con el correctivo, me puse manos a la obra, estirando su pollita y huevos hasta hacerlo gruñir de dolor, el manso se contenía y lo hacía bastante quedamente, porque con anterioridad le había apercibido, de que si sus lamentos llegaran a ser escuchados, desde fuera de la habitación, el castigo sería mucho mayor, así que el muy imbécil trataba de aminorar el sonido sus quejas al máximo, incluso a veces, mordiendo la sábana para poder cumplir mi mandato.





Cuando me cansé de darle fuertes estirones y de ir venciendo su raciocinio a base de pellizcos, bofetadas, etc., y ya con el animal sudoroso, lo até de nuevo, sujetando bien, brazos y piernas, lo empujé de nuevo sobre un pequeño banco que había en la habitación y de esa forma conseguí, que le resultara prácticamente imposible poder erguir su cuerpo ni levantarse, teniéndolo inmovilizado y a mi entera disposición, comencé a usar sobre su sebosa piel, tanto el látigo, como la pala, además de otro flagelo de gomas que yo había llevado en mi equipaje.






Disfruté y descargué toda la adrenalina que llevaba en mi interior, mientras duró el castigo, me excitaba contemplar como la piel sonrosada del esclavo se iba tornando en color rojizo primero, para después pasar a un tono cárdeno, adornada por los surcos que trazaba mi látigo, sobre esa especie de lienzo a mi disposición y donde inexorablemente podía hacer libre expresión de mi "arte dominatrix".






Cuando terminé con el animal envuelto en lágrimas, lo desaté y le obligué a darme un baño además de un masaje relajante, al final, más tranquila y con el perro marcado a los pies de la cama, abrí un botellín de vodka y a modo de desinfectante, se lo derramé por la espalda y culo, mientras se retorcía de escozor, pero sin osar el cambiar de posición.





Esa noche, viéndolo tan dolorido, me apiadé de él y lo dejé dormir en el sillón. Como podréis imaginar, en todo ese viaje por Barcelona, ya no hubo ningún amago de controversia, hacia cualquier tipo diversión que a mí me apeteciese tener.








martes, 2 de abril de 2019

ESTÚPIDO FOTÓGRAFO


Os preguntaréis el motivo de ESTÚPIDO FOTÓGRAFO, pues bien, terminar del leerme y lo sabréis.



En el primer viaje que hice a Barcelona con mi "querido maridín", no había pasado mucho tiempo desde que empecé a descubrir esta forma de vida tan maravillosa  que me colmaba de placeres nuevos haciéndome sentir una mujer plena, en toda la extensión de la palabra. 




La hermosa ciudad Condal, tan adelantada en todo, me pareció que podía ofrecerme magníficas posibilidades para seguir desarrollando la evolución que yo pretendía llegar a tener como hot wife perversa y viciosa.



Nada más desembarcar en el hotel que habíamos cogido por internet, subimos a la habitación y antes incluso de colocar el equipaje, le ordené al bobo, que me hiciera un buen reportaje de fotos, ya que el sitio me parecía idóneo para ello, le dije que procurara cogerme buenos planos, siempre lo más eróticos posibles.




El capullo con esa patética actitud de siempre, se puso a la faena, mientras, yo disfrutaba poniéndome en posiciones que me parecía podían gustar y que además me hacían sentirme bien y sexy, por cierto, me agradaría que alguno de vosotros me haga saber si opina lo mismo que yo, sobre estas fotos.




Al terminar con la sesión fotográfica, las contemplé con agrado y fue entonces cuando le dije al cornudo,
- Dame el ordenador que voy a poner un anuncio para ver si algún macho catalán se anima a conocerme
El estúpido se quedó mirándome con cara de asombro mientras decía
- Pero Ama, me había dicho usted que veníamos a este viaje para conocer Barcelona y hacer turismo
- Claro que es así, no refunfuñes idiota, vamos a ver muchas cosas, eso sin duda, pero también como tu bien dices vamos a hacer turismo, pero ten por seguro, que antepondremos el turismo sexual, siempre claro está, que me salga la oportunidad y tu a callar, que es lo único que debes hacer.
Se me quedó mirando confundido unos instantes, al cabo de los cuales comenzó a ponerme pegas y malas caras mientras lloriqueaba sintiéndose engañado.




Esa actitud me enfadó y consideré que debía poner remedio y coto a esos comportamientos tan egoístas queriéndome privar de mis devaneos amorosos, cabreada, le solté una bofetada y lo puse de rodillas contra la pared sujetando mi braga con la frente y las manos a la espalda.



Con todo esto, se había hecho casi la una del mediodía, así que sin más pérdida de tiempo, me puse en el ordenador y comencé a redactar un texto morboso en la página de milanuncios (Ahora se llama de otra forma). Como casi siempre que visito una ciudad, lo que suelo pedir, es un macho corneador, vicioso, morboso, humillador y dominante con el ciervo, acompañé lo escrito con algunas de las fotos que aquí os enseño y lo envié.




Cuando terminé ya casi eran las dos, así que me arreglé para salir a comer, me maquillé y cuando ya estuve preparada me dirigí al manso,
- Levántate y mírame cabrón ¿Tienes algo que decir?,
el muy inútil, lloriqueando y moqueando me contestó,
- Perdón Ama, pero le ruego, por todo lo que más quiera, que solo visitemos la ciudad
Aquella contestación me enervó; el que continuara en esa egoísta actitud me enfureció, le di dos bofetadas, busqué una cuerda de las que llevaba en una de las maletas y lo até, pero antes le puse un tanga negro, por si entraba alguien en la habitación no tuviera la repugnante visión de ver al cerdo desnudo.



A empujones lo dejé metido en el baño, con la prohibición de salir. Para el viaje habíamos llevado unos bocadillos de tortilla de patata, cogí uno que nos había sobrado, tiré la tortilla al water, corté un trozo de pan y la otra parte me la llevé, con el fin de que el animal comiera lo mínimo para mantenerse fuerte, ante el castigo que tendría que recibir debido a su ineptitud, arrojé el cacho de pan en el suelo del baño, cortado en pequeños trocitos, para que el cerdo comiera como pudiera, saqué un botellín de agua de la neverita y le puse una poca en un pequeño recipiente que había con una pastilla de jabón.



Salí de la habitación escuchando a mis espaldas los gemidos que emitía el puto cornudo, tiré el trozo de pan sobrante en una papelera y me fui a dar una vuelta por los alrededores, mientras paseaba alegremente, miraba de encontrar un buen restaurante para disfrutar de una buena comida y sobremesa. Por descontado mientras estuve comiendo, mi mente trabajaba sin descanso, maquinando acerca del escarmiento correctivo, que más tarde debería administrar al medio hombre que desgraciadamente me había tocado en la lotería de la vida.