PUTO BABOSO MIRÓN
Las vacaciones del año 2025,
desafortunadamente para mis intereses, carecieron de esa intensidad morbosa que
a mí me gusta disfrutar. No obstante, me ha apetecido hacer un acopio mental de
lo vivido durante esos días, aunque como ya he dicho, no puedo dejar de reconocer
que me resultaron bastante decepcionantes, ya que en esos periodos de relax en los que
por pura lógica estoy libre de ocupaciones u obligaciones, me siento mucho más
imaginativa y por lo tanto más abierta a disfrutar viciosamente.
Para que podáis comprobar y juzgar si
tengo razón en lo que os he dicho, voy a contaros brevemente y sin entrar en muchos
detalles, cuáles
fueron mis escarceos calientes en ese verano del 2025.
Al
poco tiempo de llegar al primero de mis destinos vacacionales, quise comenzar
visitando el Club
Swinger
de la zona roja, en donde tuve 3 o 4 escarceos calientes, pero al mismo
tiempo bastante light, debido a que los chicos que me encontré en el cuarto
oscuro y con los que llegamos a jugar un poco, tampoco me inspiraban ni me
calentaban lo suficiente para tener una sesión completa de sexo tal y como a mí
me gusta cuando realmente me pongo bien cachonda.
PARA QUE OS HAGÁIS UNA
IDEA, ACOMPAÑO FOTOS DE ESOS JUEGOS CALIENTES QUE TANTO ME GUSTA DISFRUTAR,
GRABADOS CON LA CÁMARA DE INFRARROJOS.
Pasados unos 15 días de
mi llegada, tuve la oportunidad en mi apartamento, de llevar a cabo una sesión
bdsm, utilizando para mi diversión a mi puto esclavo Porky y a una excelente sumisa
que ya había adiestrado el año anterior y a la que bauticé como Kyra. Dicha
sesión fue presenciada por su novio o pareja que disfrutó mucho viéndola
sometida y viendo también como la muy perra se corría como una zorra dejando un
charco de fluidos en el suelo, que luego obligatoriamente tuvo que limpiar
hasta no dejar ni rastro de su abundante corrida. A mitad de esa sesión
quisimos humillar y hacer sufrir como se merecen a los dos perros,
haciéndoles ver que les íbamos a poner una buena cornamenta, a Kyra incluso le
tapamos los ojos para que solo pudiera escuchar e imaginar lo que estábamos
haciendo, ya que a veces la privación del sentido de la vista puede ser incluso
más perverso que la realidad. Con Porky fui más “generosa” y le permití que viera con todo
lujo de detalles como un macho como aquel me proporcionaba placeres que él es
incapaz de darme.
EN ESTAS CAPTURAS DEL
VÍDEO, PIENSO QUE NO HACE FALTA DECIR QUIÉN ES QUIÉN.
Al finalizar los días que tenía contratados
en ese lugar, ordené a mi perro que cargara el equipaje y partimos para el
siguiente destino, también en Andalucía, (prefiero no decir nombres de ciudades
para evitar cualquier tipo de asociación). En ese lugar ya tenía concertada
desde hacía bastante tiempo una cita con mi esclavo Pug que, como en años
anteriores, estaba deseando ponerse a mi servicio para demostrarme una vez
más, con su sumisión y entrega, que me pertenece en cuerpo y alma.
El apartamento que había alquilado se prestaba perfectamente para poder
disfrutar de él, dándole una buena sesión al que considero mi
segundo perro. Pug es muy buen esclavo al que me encanta domar por su extrema
obediencia. Por
ejemplo, solo tuve que decirle que estaba cansada del viaje y a una leve
indicación mía se arrodilló ante mí, para que usara su espalda como reposapiés.
Y así lo podía haber tenido durante horas, si hubiera querido, que él no se habría
movido ni habría abierto la boca para expresar la más mínima queja. El
inconveniente que tengo con él es que por causas que ya
imaginaréis no se le pueden dejar marcas y eso me crea bastante frustración, aunque con imaginación y un
poco de sadismo le puedo torturar cruelmente y sin marcas. Y él se va a someter
a cualquier tormento que se me ocurra, ya me ha dejado claro que, salvo las
marcas, puedo hacer con él lo que me venga en gana. A
este perro ya lo habéis podido ver en un reportaje que publiqué hace bastante
tiempo. En esta
ocasión, en la sesión bdsm que le di, eché a la calle a mi perro
sumiso Porky como castigo a una contestación inadecuada que me dio el día
anterior. Esa decisión mía de expulsarle le resultó muy dolorosa al puto
imbécil ya que se sintió relegado y despreciado al poner por encima de él a mi
esclavo Pug.
LAS CAPTURAS QUE OS PONGO
SON UNA PEQUEÑA MUESTRA DE ESA SESIÓN
Pasados los tres días que tenía contratados
en esa ciudad, nos pusimos de nuevo en camino hacia el lugar de mi
última reserva vacacional. Ese destino era al que más ganas tenía de llegar,
aunque allí se terminaran mis vacaciones, y digo esto porque en ese lugar tuve
la gran satisfacción de disfrutar de tres encuentros sexuales muy especiales
con mi amante preferido, Jean Paul (al que también conocéis por otros
reportajes). Encuentros
que disfruté muchísimo y que los mantuve a espaldas del manso cornudo, ya que
en las dos primeras ocasiones el cabestro estaba durmiendo en una habitación
muy cerca con la puerta cerrada mientras mi querido amante y yo retozábamos
pasionalmente en la cama matrimonial. En la tercera y última se dio la
circunstancia de que el ciervo estaba despierto, pero como excusa,
le dije que tenía que hablar de asuntos privado con J.P. y que me apetecía
hacerlo a solas, por lo que le ordené que se sentara en la terraza y esperase a
que saliéramos. Cuando terminamos de hacer el amor salimos y encontré al ciervo
algo cabizbajo (qué se joda, pensé). Pero el manso aunque es un gran cornudo de manual, a
veces y para mi sorpresa tiene algún momento de lucidez (me resisto a decir de
inteligencia), y quiso sonsacarme algo de lo habíamos hecho, preguntándome
de qué
habíamos hablado ya que habíamos estado demasiado tiempo encerrados. Obviamente
y bastante sorprendida de su absurda y atrevida pregunta le contesté muy
secamente que eso eran asuntos entre J.P. y yo, de los cuales él no tenía por
qué saber. Omití contarle nada de la maravillosa sesión sexual que habíamos
tenido mi amante y yo. No por ahorrarle sufrimiento, sino todo lo contrario mi intención
era que las dudas y su escasa imaginación lo siguieran atormentando durante el
máximo de tiempo, (a día de hoy todavía no sabe que en esos días hice el amor
tres veces con mi amado Jean Paul). El cornudito sigue ignorando que durante
aquellos encuentros pusimos toda nuestra pasión y nuestras más calientes y
excitantes caricias en el poco tiempo que duraron, debido a obligaciones
imposibles de posponer.
Me imagino que os habréis dado cuenta de
que con Jean Paul no digo que follamos, sino que hacemos el amor y lo digo de
esta manera porque es así, ya que él se ha convertido en la persona más
importante para mí, tanto que cuando él está presente ambos nos sentimos pareja
y mi marido oficial Porky, aunque esté a mi lado o cerca de nosotros, es como
si no existiera.
Después de esa última vez en que hicimos el
amor y nos amamos (valga la redundancia) me quedé bastante triste ya que era
nuestra despedida hasta un tiempo indefinido en que las circunstancias nos
permitieran volver a juntarnos. Afortunadamente el tiempo pasa rápido y ya va
quedando menos para que volver a vernos y dar rienda suelta a nuestro amor.
Cuando ese día llegue, posiblemente antes
tendré que hablar muy seriamente con el cornudo y hacerle comprender por las
buenas o por las malas que cuando estoy con Jean Paul él es mi marido y macho,
quedando relegado él al puesto de obediencia y servicio hacia nosotros por esa
condición que ostenta de pelele impotente e incapaz de darme ningún tipo de
placer sexual.
COMO PODÉIS VER EN LAS
FOTOS ME ENCANTÓ COMERME LA POLLA DE JEAN PAUL, Y QUE ÉL A SU VEZ ME COMIERA EL
COÑO CON LA MAESTRÍA QUE TAN BIEN DOMINA.
Al día siguiente de ese encuentro tan
maravilloso para mí, el cornudo volvió a cargar el equipaje bien temprano y después
de desayunar emprendimos
el camino de vuelta a casa. No obstante, y dándome cuenta de que eran muchos kms. de
trayecto, decidí hacer una parada de un par de días muy cerca de Madrid, tomando
como alojamiento un bonito y pequeño hotel, pero al mismo tiempo muy acogedor,
con la simple intención de descansar y, de paso, aprovechar para conocer
un poco mejor aquella
zona.
Después de varias horas de viaje llegamos
al hotelito, casi al mediodía. Le ordené al perro que descargase el equipaje
mientras yo me daba una ducha templada, decidida a relajarme durante la corta
estancia que allí íbamos a tener. Al día siguiente por la mañana recorrimos
muchos sitios de la ciudad que me sorprendieron muy gratamente por su belleza y
originalidad hasta que, al mediodía y ya cansada de caminar,
terminamos comiendo en el restaurante del hotel.
Degustamos unas ricas viandas acompañadas
de un vinito blanco fresquito que entraba de maravilla, tanto es así que sin
darme cuenta terminé algo achispada. A consecuencia de ese semimareo,
algo aletargante, decidí cambiar los planes y subir a la habitación para
descansar un rato antes de volver a salir. Me senté en la cama apoyada en el cabecero
y puse la televisión, pero la verdad es que me estaba costando
concentrarme en la pantalla y no me entretenía nada de lo que estaban echando,
así que la apagué y me puse a leer un pequeño libro bastante calentito titulado
“El viejo y la Arqueóloga” de ese escritor erótico de nombre Lanfasone que me
encanta y además excita y estimula mi morbosa imaginación.
Posiblemente, a causa de los efluvios del
vino que había ingerido en la comida, mi cuerpo, casi sin darme cuenta, se
abandonó a Morfeo, cayendo en un dulce y excitante sopor en el que las
situaciones altamente viciosas se entremezclaban en mi cerebro repercutiendo en
una respuesta involuntaria que la calentura de mi cuerpo delataba.
Para mi pesar, esos viciosos sueños se
vieron interrumpidos por un ruido desagradable que me sobresaltó. Más tarde
viendo el vídeo supe que había sido la tos del bobo que tengo por marido, que
se estaba entreteniendo con su acostumbrada inutilidad en grabar lo que era la
habitación del hotel.
A consecuencia de aquellos sueños tan sexuales
y viciosos, me desperté húmeda y muy caliente, al mismo tiempo que bastante
cabreada con el manso de mi marido, por haberlos interrumpido en un momento
álgido de morbo. Y a partir de ahí y haciendo honor al dicho de que una imagen
vale más que mil palabras, todo lo que pasó en primera instancia lo podéis ver
en el vídeo que os incluyo.
Como habéis podido visionar,
me dirigí después al baño con la intención de darme una ducha y rebajar toda
esa tensión sexual que llevaba en mi interior. No dejaba de sentir la humedad y
lo ardiente que mi coñito se encontraba, así que me metí con bastantes dudas en
el cuarto de aseo preguntándome si con un simple remojón podría recobrar
la compostura y la normalidad para poder volver salir a pasear sin mojar las
bragas. En aquellos momentos, no pude por menos que pensar en lo que sentirían
las perras cuando estaban en celo, porque desde luego no debería de ser muy
distinto al estado en que yo me encontraba. Es más, me imaginé siendo esa perra
a cuatro patas con un buen Macho montándola y abotonándola hasta dejarla bien
preñada. Desgraciadamente el cornudo mini polla e impotente que tengo en casa
no me sirve ni para masturbarme o lamerme debido a su manifiesta inutilidad.
A consecuencia de esa tremenda calentura y
de no saber qué
tendría que hacer para calmar ese desasosiego sexual, decidí cerrar la puerta del
baño y no permitir que el cerdo cornudo me viera. Me quité la escasa ropa que
llevaba y me metí en la ducha, sintiendo la caricia refrescante del agua
sobre mi cuerpo, aunque enseguida me di cuenta de que eso
no iba a poder con el fuego interior que no se apagaba, por más fresquita que
me la pusiera, así que decidí dejarme de más historias y comencé a tocarme y
meterme los dedos en el coño como si fuera una vulgar adolescente cochina.
Lo que yo no contaba ni me esperaba del
subnormal que tengo por marido es que el muy baboso y estúpido mirón, debió
presentir algo viendo mi estado corporal que delataba bastante de lo que me
estaba pasando. Los pechos erguidos, los pezones duros, las areolas oscurecidas
y perladas de diminutos abultamientos, además de mis labios más hinchados de lo
habitual dejaban ver a las claras algo que me era imposible de esconder y que
el muy cerdo, a pesar de su estupidez, fue capaz de captar.
Como digo, el impotente mirón,
sin que yo me percatara de ello, se las apañó para poder grabarme mientras yo
daba rienda suelta a mis manipulaciones, pajeándome como una guarrilla hasta
correrme y conseguir al final darme algo de sosiego y tranquilidad.
Antes de abandonar el cuarto de baño me
relajé un poco, me di cremas corporales y me maquillé, con el fin de ponerme
guapa para volver a salir a pasear y tomar algo por los bares de la zona.
Cuando por fin terminé de arreglarme, salí y vi que el gorrino todavía
estaba desnudo. Le dije que se vistiera, pero que mientras lo hacía me dejara
ver la grabación que yo le había ordenado hacerme en la cama.
Me di cuenta enseguida de que el capullo se
ponía nervioso, parecía un niño vacilante al que han descubierto haciendo una
travesura. Por supuesto que aprecié que
algo extraño podía haber pasado, aunque pensé que posiblemente se debiera a que
el muy cabrón me habría estado grabando mientras dormía y en ese momento
estaría temeroso de que me enfadara, sabiendo como las gasto cuando eso ocurre.
La curiosidad femenina estaba por encima de cualquier conjetura y por lo tanto
no me iba a contentar con explicaciones tontas.
Así que, como me di
perfecta cuenta de que no paraba de poner excusas queriendo escurrir el bulto,
le ordené autoritaria e
insistentemente que me diera el móvil que celosamente escondía a su espalda y fue
entonces cuando el idiota, con un amago de inteligencia que no es propia de él,
intentó engañarme, marchando a coger el teléfono que tenía puesto en la repisa
de enfrente de la cama.
Me lo entregó y en cuanto comencé a ver la
grabación me di cuenta de que el hijo de puta quería engañarme y que había gato
encerrado, y todavía fui más consciente cuando pude visualizar en el vídeo que
la parte en la que yo iba hacia al baño no salía o quedaba fuera de plano. Me planté
de jarras frente a él con gesto muy duro y le grité que me diera el otro móvil.
No le quedó otro remedio que entregármelo mirando al suelo y temblándole la
mano.
Comencé a mirar lo que había grabado, en
primer lugar, pude ver lo que yo había hecho en la cama al despertarme hasta
que me había metido en el baño, en ese instante terminaba el primer vídeo en el
que nada me sorprendió. Pero a continuación vi que había un segundo vídeo que sin
perder tiempo comencé a reproducir e inmediatamente me causó estupor de que el
cabestro baboso y mirón hubiera sido capaz de grabarme ocultamente todas las
manipulaciones masturbatorias que yo había hecho dentro del cuarto de baño.
Me sentó muy mal lo que había hecho, pero todavía
mucho más que por el hecho de verme tan guarrona, sobándome el coño
desesperadamente, fue porque el idiota me había grabado sin haberme maquillado
o puesto unas sandalias de baño con tacón que tengo y que realzan la figura o
incluso unas medias o tanguita chiquitín que hacen que yo me sienta mucho más
puta y morbosa.
Mi enfado fue mayúsculo, le solté un buen
bofetón, le cogí por las pelotas y lo arrastré hasta hacerle arrodillarse, le
escupí en su porcino hocico y lo puse de vuelta y media con los insultos
más extremadamente
degradantes que
se me vinieron a la cabeza. Además, le dije que iba a tener ayuno
forzoso sin probar bocado alguno hasta llegar a Zaragoza, osea
unas 28 horas después. Cuando llegamos, las tripas le crujían sin parar, la boca se le
hacía agua solo con pensar en comer algo y su arrepentimiento era total. Espero
que haya aprendido la lección y no se atreva a volver a hacerlo.
El vídeo de la ducha he preferido
difuminarlo porque no estoy nada satisfecha de como quedó ni de lo obsceno que
fue, pero aun así lo pongo porque para algunos de mis seguidores quizás les
resulte caliente.
LAS FOTOS DEL COMIENZO DEL
REPORTAJE SON DE HACE DIEZ DÍAS.
LAS HE COLGADO, PORQUE HE COMENZADO UNA DIETA
MEZCLADA CON ALGO DE DEPORTE, Y ME HA APETECIDO QUE VEAIS EL RESULTADO, PARA
VER QUE OS PAREZCO.
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